Mostrando entradas con la etiqueta Descripción. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Descripción. Mostrar todas las entradas

domingo, 14 de abril de 2013

25. MONUMENTO

Estamos en tu ciudad, la que lleva tu nombre: Celia, Alejandro, Marina, Daniel... Avanzamos a través de unas callejuelas hasta llegar a la plaza principal, la más importante, situada en el mismo centro del entramado de calles que la forman. En el centro de esta plaza hay un monumento.

¿Qué monumento es? ¿Templo, estatua, fuente, llama votiva, columna conmemorativa, arco de triunfo, obelisco, tumba, altar de sacrificios, oráculo...? ¿Qué forma  tiene? ¿De qué materiales está hecho, y de dónde proceden? ¿Qué representa? ¿De qué estilo es? ¿Qué decoración tiene: frisos, relieves, pinturas, inscripciones, hologramas, proyecciones de luz?¿Qué función tiene?¿Qué hacen los habitantes en él durante sus festejos?

El texto de esta semana será descriptivo y consistirá en la descripción detallada de un monumento inventado, aquel que está en el centro del centro de vuestra ciudad propia, la ciudad que sois.

En la descripción debéis proceder con orden. Escoged el criterio: de lo general a los detalles, de arriba abajo, de abajo arriba..., pero siempre con método. Podéis hacer una descripción estática, sin que el observador se mueva del lugar desde el que mira, o dinámica, en la que va describiendo conforme se desplaza a su alrededor, o la contempla desde distintos puntos de la plaza. Ayudaos de vuestros conocimientos de historia del arte.

Un ejemplo:

http://es.wikipedia.org/wiki/Columna_de_Trajano







domingo, 3 de marzo de 2013

21. HÉROES DE CARNE Y HUESO

¿Tienes o has tenido algún héroe, alguien a quien admiraste, a quien quisieras parecerte? Es la ocasión de rendirle tributo contando quién es, cómo es y cómo ha sido su vida, qué has visto en esta persona que te haya marcado o de qué manera ha orientado tus decisiones o tu forma de ver las cosas.

E preferible que el héroe (o heroína) que describas sea real, pero admito también trabajos sobre personas que no conozcáis personalmente, o incluso que no sean reales. Lo indispensable es que verdaderamente sintáis que os han influido de forma decisiva.

Como ejemplo dejo este artículo de Arturo Pérez Reverte titulado "El viejo capitán", en el que habla de su tío marino, su héroe de infancia. Vosotros no tenéis que retroceder a la época infantil; este autor lo hace porque ya es mayor. Será interesante que habléis de vuestro héroe o heroína en la actualidad.


El viejo capitán

 
Mi tío fue el primer héroe de mi infancia. Cuando su barco tocaba en Cartagena, mis padres me llevaban al puerto, y junto a los tinglados del muelle contemplaba yo extasiado la maniobra de amarre, las gruesas estachas encapilladas en los norays, los marineros moviéndose por la cubierta y el último humo saliendo por la chimenea. A veces lo veía en la proa, como primer oficial, y más tarde, ya capitán, asomado al alerón del puente, arriba, inclinándose para comprobar la distancia con el muelle mientras daba las órdenes adecuadas. Después, inmovilizado el barco, yo subía corriendo por la escala, ansioso por pisar la cubierta vibrante por las máquinas, tocar la madera, el bronce y los mamparos de hierro, sentir el olor y el runrún peculiares del barco y llegar al puente, junto a la rueda del timón y la bitácora, donde estaba mi tío, que interrumpía un momento su trabajo para levantarme en brazos mientras yo admiraba las palas negras y doradas en las hombreras de su camisa blanca. Porque entonces los marinos mercantes llevaban gorra de visera con dos anclas cruzadas, palas en la camisa de verano y galones dorados en las bocamangas de hermosas chaquetas azules. En aquel tiempo, los marinos mercantes aún parecían marinos.

He dicho que lo idolatraba. Al día siguiente de su atraque, muy temprano, iba a su casa y me metía en la cama entre él y mi tía, para que me contara aventuras del mar. Nunca me defraudaba. Mientras mi pobre tía, resignada, se levantaba a prepararnos el desayuno, yo contenía la respiración, y con los ojos muy abiertos escuchaba cómo el capitán había naufragado cuatro veces en aquel viaje, y de qué manera heroica, rodeado de tiburones hambrientos, se enfrentó a ellos con un cuchillo, pensando todo el tiempo en su sobrino favorito. Otras veces me contaba cómo los crueles piratas malayos habían intentado abordar su barco en el estrecho de Malaca, el temporal que capeó doblando Hornos o cuando tocó un iceberg estando al mando del Titanic, sin botes para todos los pasajeros. Y yo lo abrazaba, emocionado, y se me escapaban las lágrimas, sobre todo con el episodio de los tiburones, cuando me contaba cómo, uno tras otro, habían ido desapareciendo todos sus compañeros menos él.

Luego crecí, y él envejeció, y tuvo hijos que a su vez lo esperaron en los puertos. En ocasiones, mi vida profesional llegó a juntarse con la suya y navegamos juntos, como cuando coincidimos, cosas de la vida, reportero y capitán, en la evacuación del Sáhara en el año 75, mandando él el último barco español -ya le había ocurrido en Guinea, era experto en últimos viajes- que salió de Villa Cisneros. Y al fin, un día, después de cuarenta años navegando, se jubiló y quedó varado en tierra; junto al mar pero tan lejos de él como si estuviese a quinientas millas de distancia. Y a pesar de lo que siempre creyó, con una mujer maravillosa y unos hijos adorables, no fue feliz en tierra. Iba a verlo -ahora era yo quien contaba aventuras entre tiburones- y allí, en su salita llena de libros y recuerdos acumulados como restos de un naufragio, fumábamos y bebíamos, recordando. Sólo se le iluminaban los ojos de verdad cuando recordaba, y yo procuraba animarlo a eso. Luego pasaba horas apoyado en la ventana, en silencio, mirando caer la lluvia, y yo sabía que añoraba otros cielos y mares azules. Pero el mar de verdad ya no le interesaba. Había llegado a odiarlo por hacer de él un apátrida, un fantasma varado en la tierra desconocida y hostil. Sus hijos tampoco lograron traspasar la barrera. El mayor compró un barquito que él apenas pisaba. Se volvió huraño, hipocondriaco. Cuando tuve mi primer velero, lo llevé conmigo mar adentro, esperando reconocer por un instante al ídolo de mi infancia. Pasó todo el día sentado, mirando el horizonte en silencio, dos dedos sobre el pulso de su mano derecha. Nunca volvimos a navegar juntos. Nunca volví a hablarle del mar.

Murió hace un par de años. Esta mañana he estado mirando un viejo cenicero de cristal de la Trasmediterránea en forma de salvavidas que siempre admiré desde niño, y que poco antes de morir hizo que me entregaran. Fue al mar, y nunca volvió. Era un buen marino. Y, como ocurre con los mejores barcos, se deshizo al quedar varado en la costa. Pero jamás lo olvidaré cuchillo en mano, nadando entre tiburones.

domingo, 24 de febrero de 2013

20. LAS CIUDADES INVISIBLES

Las ciudades invisibles es el título de una obra del escritor italiano Italo Calvino en la que encontramos descritas muchas ciudades fantásticas. Ninguna de ellas es reconocible; son todas inventadas. Es lo que haréis vosotros: crear una ciudad inexistente e imposible, darle nombre y describirla.

Leamos primero algunos ejemplos extraídos del libro de Calvino para tener un modelo:


BAUCIS

Después de andar siete días, a través de boscajes, el que va a Baucis no consigue verla y ha llegado. Los finos zancos que se alzan del suelo a gran distancia uno de otro y se pierden entre las nubes, sostienen la ciudad. Se sube por escalerillas.

Los habitantes rara vez se muestran en tierra: tienen arriba todo lo necesario y prefieren no bajar. Nada de la ciudad toca el suelo salvo las largas patas de flamenco en que se apoya, y en los días luminosos, una sombra calada y angulosa que se dibuja en el follaje.


Tres hipótesis circulan sobre los habitantes de Baucis: que odian la tierra; que la respetan al punto de evitar todo contacto; que la aman tal como era antes de ellos, y con catalejos y telescopios apuntando hacia abajo no se cansan de pasarle revista, hoja por hoja, piedra por piedra, hormiga por hormiga, contemplando fascinados su propia ausencia.


ARMILLA

 Si Armilla es así por incompleta o por haber sido demolida, si hay detrás un hechizo o sólo un capricho, lo ignoro. El hecho es que no tiene paredes, ni techos, ni pavimentos: no tiene nada que la haga parecer una ciudad, excepto las cañerías del agua, que suben verticales donde deberían estar las casas y se ramifican donde deberían estar los pisos: una selva de caños que terminan en grifos, duchas, sifones, rebosaderos. Contra el cielo blanquea algún lavabo o bañera u otro artefacto, como frutos tardíos que han quedado colgados de las ramas. Se diría que los fontaneros han terminado su trabajo y se han ido antes de que llegaran los albañiles; o bien que sus instalaciones indestructibles han resistido a una catástrofe, terremoto o corrosión de termitas.

Abandonada antes o después de haber sido habitada, no se puede decir que Armilla esté desierta. A cualquier hora, alzando los ojos entre las cañerías, no es raro entrever una o muchas mujeres jóvenes, espigadas, de no mucha estatura, que retozan en las bañeras, se arquean bajo las duchas suspendidas sobre el vacío, hacen abluciones, o se secan, o se perfuman, o se peinan los largos cabellos delante del espejo. En el sol brillan los hilos de agua que se proyectan en abanico desde las duchas, los chorros de los grifos, los surtidores, las salpicaduras, la espuma de las esponjas.


La explicación a que he llegado es ésta: de los cursos de agua canalizados en las tuberías de Armilla han quedado dueñas ninfas y náyades. Habituadas a remontar las venas subterráneas, les ha sido fácil avanzar en su nuevo reino acuático, manar de fuentes multiplicadas, encontrar nuevos espejos, nuevos juegos, nuevos
modos de gozar del agua. Puede ser que su invasión haya expulsado a los hombres, o puede ser que Armilla haya sido construida por los hombres como un presente votivo para congraciarse con las ninfas ofendidas por la manumisión de las aguas. En todo caso, ahora parecen contentas esas mujercitas: por la mañana se las oye cantar.
 
OCTAVIA

Si queréis creerme, bien. Ahora diré como es Octavia, ciudad telaraña. Hay un precipicio entre dos montañas abruptas: la ciudad está en el vacío, atada a las dos crestas por cuerdas y cadenas y pasarelas. Uno camina por los travesaños de madera, cuidando de no poner el pie en los intervalos, o se aferra a las mallas de una red de cáñamo. Abajo no hay nada en cientos y cientos de metros: pasa alguna nube, se entrevé más abajo el fondo del despeñadero.
Ésta es la base de la ciudad: una red que sirve para pasar y para sostener. Todo lo demás, en vez de alzarse encima, cuelga hacia abajo: escalas de cuerda, hamacas, casas en forma de bolsa, percheros, terrazas como navecillas, odres de agua, picos de gas, asadores, cestos colgados de cordeles, montacargas, duchas, trapecios y anillas para juegos, teleféricos, lámparas de luces, tiestos con plantas de follaje colgante.

Suspendida en el abismo, la vida de los habitantes de Octavia es menos incierta que en otras ciudades. Saben que la resistencia de la red tiene un límite.

EUTROPIA

Al entrar en el territorio que tiene a Eutropia por capital, el viajero ve no una ciudad sino muchas, de igual tamaño y no disímiles entre sí, desparramadas en un vasto y ondulado altiplano. Eutropia es no una sino todas esas ciudades al mismo tiempo; una sola está habitada, las otras vacías; y esto ocurre por turno. Diré ahora cómo.

El día en que los habitantes de Eutropia se sienten asaltados por el cansancio, y nadie soporta más su trabajo, sus padres, su casa y su calle, las deudas, la gente a la que hay que saludar o que saluda, entonces toda la ciudadanía decide trasladarse a la ciudad vecina que está allí esperándolos, vacía y como nueva, donde cada uno tomara otro trabajo, otra mujer, verá otro paisaje al abrir las ventanas, pasará noches en otros pasatiempos, amistades, maledicencias. Así sus vidas se renuevan de mudanza en mudanza, entre ciudades que por la exposición o el declive o los cursos de agua o los vientos se presentan cada una con ciertas diferencias de las otras. Como sus respectivas sociedades están ordenadas sin grandes diversidades de riqueza o de autoridad, el paso de una función a la otra ocurre casi sin sacudidas; la variedad está asegurada por los múltiples trabajos, de modo que en el espacio de una vida rara vez vuelve uno a un oficio que ya ha sido el suyo.

Así la ciudad repite su vida siempre igual, desplazándose para arriba y para abajo en su tablero de ajedrez vacío. Los habitantes vuelven a recitar las mismas escenas con actores cambiados; repiten las mismas réplicas con acentos diversamente combinados; abren bocas alternadas en bostezos iguales. Sola entre todas las ciudades del imperio, Eutropia permanece idéntica a sí misma. Mercurio, dios de los volubles, patrón de la ciudad, cumplió este ambiguo milagro.

domingo, 3 de febrero de 2013

17. MI PANDILLA


En el fragmento de Rebeldes, de Susan E. Hinton, que vamos a leer a continuación, el narrador protagonista, un chico de catorce años que vive en un barrio pobre del East Side de Nueva York, describe uno a uno a los componentes de su pandilla.

Vosotros realizaréis un trabajo similar: una descripción de vuestra pandilla, que puede ser real o inventada. Han de describirse cuatro personas, aunque si alguien desea añadir más puede hacerlo.

Para escribirla, fijaos en cómo están organizadas las descripciones. Todas  ellas reúnen rasgos físicos y de carácter (prosopografía y etopeya). Lo importante no es describir muchos rasgos, sino escoger los que sean realmente significativos en una persona. Notad, además, que los actos cotidianos que realizan, sus aficiones y habilidades, el atuendo o las circunstancias familiares, pueden servir para definir mejor al personaje. Además, el narrador aporta apreciaciones personales en cada una de las descripciones. Pero, sobre todo, no olvidéis que es muy importante la selección: hay que escoger los rasgos que mejor caractericen a cada uno, sin incluir ese género de información anodina y aburrida que no aporta nada. Mucho mejor será elegir unas pocas cualidades claras y determinantes que hacer una descripción demasiado exhaustiva.

Comenzad por un breve párrafo introductorio y continuad directamente con cada personaje, como en el ejemplo:

Nuestra pandilla había perseguido a los socs hasta su coche y los habíaN apedreado. Volvieron corriendo a donde estábamos -cuatro tíos duros y flacos-. Eran todos duros como rocas, no había más que verlos. Yo había crecido con ellos,y me aceptaban pese a ser más joven porque era el hermano menor de Darry y Soda y sabía mantener la boca cerrada.

Steve Randle tenía diecisiete años; era alto y flaco, con un pelo espeso y grasiento que llevaba peinado en complicados rizos. Era un tío chulo, agudo y el mejor amigo de Soda desde que dejó la escuela. Su especialidad eran los coches. Era capaz de quitar un tapacubos más deprisa y haciendo menos ruido que cualquier otro del barrio, pero también conocía los coches de arriba abajo y por delante y por detrás, y sabía conducir cualquier cosa con ruedas. Él y Soda trabajaban en la misma gasolinera - Steve por horas y Soda todo el día-, que tenía, por cierto, más clientes que cualquier otra en la ciudad. Quizá fuera porque Steve era tan bueno con los coches o porque Soda atraía a las chicas como la miel a las moscas, no sabría decírtelo. Me gustaba Steve sólo por ser el mejor amigo de Soda. Yo no le hacía ni pizca de gracia, pensaba que era un perrito faldero y un crío. Soda siempre me llevaba con ellos cuando iban por ahí, siempre que no fuesen con chicas, y eso a Steve le fastidiaba. No era culpa mía: Soda siempre me llamaba, no era yo quien se lo pedía. Soda no piensa que soy un crío.

Two-Bit Matthew era el más viejo de la panda y el mayor bromista de todos. Medía uno noventa más o menos, bastante robusto, y estaba muy orgulloso de sus largas patillas color rojo oxidado. Tenía los ojos grises y una ancha sonrisa, y no podía dejar de hacer comentarios divertidos ni aunque le fuese en ello. Era imposible hacerle callar, siempre se las arreglaba para decir sus dos paridas. De ahí el apodo. Hasta los profesores olvidaron que su verdadero nombre era Keith, y nosotros apenas si recordábamos que alguna vez lo hubiese tenido. La vida era una enorme broma para Two-Bit. Era famoso por su habilidad para mangar en las tiendas y por su faca de cachas negras ( que no podría haber adquirido sin ese primer talento), siempre andaba de bromas y cachondeo con los polis. En realidad no podía evitarlo. Todo cuando decía era tan irresistiblemente divertido que pura y simplemente tenía que hacer que la bofia se enterase, aunque sólo fuera para iluminar sus aburridas vidas. (Así al menos es como me lo explico) Le gustaban las peleas, las rubias y, por alguna insondable razón, la escuela. A los dieciocho aún seguía en el instituto y nunca había aprendido nada. A mí me gustaba mucho porque nos hacía reír de nosotros mismos tanto como de otras cosas. Me recordaba a Will Rogers, quizá por la sonrisa.

Si tuviese que elegir al verdadero personaje de la pandilla, me quedaría con Dallas Winston, Dally. Antes me gustaba dibujar su estampa cuando andaba cabreado, porque podía plasmar su personalidad con unos pocos trazos. Tenía cara de duende, con pómulos muy salientes y mentón huidizo, dientes pequeños y afilados, como de animal, y orejas como las de un lince. De tan rubio, tenía el pelo casi blanco, y no le gustaba cortárselo, así como tampoco la gomina, de manera que le caía en mechones sobre la frente y en crenchas por detrás, y se le rizaba tras las orejas y en el cogote. Tenía ojos azules, resplandecientes como el hielo y fríos de aborrecimiento por el mundo entero. Dally había pasado tres años en la parte más salvaje de Nueva York y había estado en el talego a la edad de diez años. Era más duro que el resto de nosotros, más duro, más frío, más mezquino. La sombra de diferencia que distingue a un greaser de un Hood no existía en Dally. Era tan bestia como los chicos de los suburbios, como la banda de Tim Shepard.

En Nueva York, Dally se desfogaba en peleas callejeras, pero aquí las bandas organizadas son una rareza; no hay más que grupillos de amigos que se juntan y la guerra tiene lugar entre clases sociales. Una riña, cuando se arma de veras, suele nacer de una pelea por rencor a la que los contendientes van con sus amigos. Bueno, sí que hay por aquí algunas bandas con nombre, como los Reyes del Río y los Tigres de la Calle Tíber, pero aquí, en el suroeste, no hay rivalidad entre bandas. Así que Dally, aunque a veces tenía la oportunidad de meterse en peleas de las buenas, no odiaba nada en especial. Ninguna banda rival. Sólo los socs. Y contra ellos no se puede ganar, ni por mucho que lo intentes, porque son ellos quienes tienen todas las ventajas a su favor. Y si ni siquiera zurrarlos va a cambiar los hechas. Quizá por eso Dallas era tan amago.

Tenía lo que se dice toda una reputación. Estaba fichado en la comisaría. le habían arrestado, se emborrachaba, participaba en los rodeos, mentía, hacía trampas, robaba, atracaba a borrachos, pegaba a los niños pequeños... de todo. No me gustaba, pero era listo y había que respetarle.

Johnny Cade era el último y el poquita cosa. Si puedes imaginarte un muñeco que ha sido vapuleado demasiadas veces y que está perdido entre una muchedumbre de extraños, ahí tienes a Johnny. Era el más joven, aparte de mí, y más pequeño que el resto, de complexión ligera. Tenía grandes ojos negros en una cara oscura, bronceada, el pelo era negrísimo y lo llevaba engominado, peinado hacia un lado, pero lo tenía tan largo que le caía a chorretones sobre la frente. Tenía una mirada nerviosa, suspicaz, y la paliza que le dieron los socs no le vino nada bien. Era la mascota de la banda, el hermano pequeño de todos. Su padre estaba siempre venga a pegarle, y su madre no le hacía ni caso excepto cuando estaba jorobada por algo, y entonces se la oía berrearle con toda claridad desde nuestra casa. Creo que odiaba más eso que las palizas. Si no hubiéramos estado allí, se habría escapado de casa un millón de veces. De no haber sido por la pandilla, Johnny nunca habría conocido qué son el amor y el afecto.

 

domingo, 4 de noviembre de 2012

7. SOSPECHOSOS

SOSPECHOSOS

Van Eyck: Retrato de un hombre con turbante (1443)

El testigo de un robo de joyas, que nunca hacía redacciones en su instituto, ha descrito al culpable como "un hombre joven, guapo, de ojos claros, facciones regulares y rasgos correctos y bonitos". Ha hablado también de color de pelo y de peinado, pero eso a la policía le ha dado igual, porque el estilo del pelo es tan fácil de cambiar como la ropa. Necesitamos que otro testigo, alguien con más precisión en el arte descriptivo, afine más y realice un retrato que permita la identificación del ladrón. Así que tu trabajo es ese: realizar un retrato de uno de los hombres de las fotografías. Tu descripción ha de ser tan precisa que los demás compañeros adivinen, al ser leída en voz alta, de cuál de los sospechosos se trata.

Recuerda la importancia del orden en la descripción, la utilización de adjetivos precisos y de las figuras literarias que veas convenientes. En un retrato es tan importante la prosopografía (descripción de rasgos físicos) como la etopeya (de rasgos psicológicos) del personaje. Puedes ser subjetivo e incluir en tu trabajo todo lo que el personaje te sugiera.







domingo, 30 de septiembre de 2012

2. BESTIARIO FANTÁSTICO

BESTIARIO FANTÁSTICO

Nueve Dragones, Chen Rong, Dynastía Sung, 1244
 Un BESTIARIO es un repertorio de animales. En la Edad Media eran muy frecuentes estas compilaciones donde, junto con una ilustración de la bestia, aparecían su descripción física, sus costumbres, el lugar donde habitaba y sus características simbólicas. Entre animales reales se podían encontrar otros fabulosos, en cuya existencia se creía. En épocas más modernas, muchos autores han escrito bestiarios fantásticos, entre ellos el escritor argentino Jorge Luis Borges, autor del Manual de Zoología Fantástica.  Los autores de historias de fantasía, como Tolkien o más recientemente J. K. Rowling, también han creado recopilaciones de criaturas mágicas imaginarias, algunas procedentes de la tradición.

Vamos a leer varios ejemplos de descripciones de animales fantásticos de distintas épocas para que os sirvan de guía para vuestro trabajo de redacción, consistente en inventar y describir una criatura imaginaria.
Esta descripción del fénix está extraída de un bestiario medieval:

El fénix es un ave más bella que el pavo, pues éste tiene alas de oro y plata, pero aquél las tiene de jacinto y esmeralda, y va adornado con los colores de todas las piedras preciosas de gran valor. En la cabeza lleva una corona, y espuelas en los pies.

Mora en la India, vive quinientos años y se nutre del aire gracias a los cedros del Líbano, sin comida ni bebida. Pero, después de quinientos años, llena sus alas de aromas agradables y, cuando el sacerdote comienza el sacrificio en Heliópolis, sale del nido y vuela hacia él.
 
Cada fénix es el único; vive para él solo, y no está comprometido por esponsales.

Viaja a la tierra de Egipto cada quinientos años, y lo ve el sacerdote a mucha altura sobre el ara, mientras llega de Oriente. Y cuando llega, trae bajo las alas canela perfumada y otras especias; recoge madera, la amontona sobre el ara, se tumba de espaldas sobre la leña ardiente, y resulta quemado del todo y convertido en cenizas. Y de las cenizas sale un gusano, que crece hasta convertirse en un pajarillo, y al que salen alas; al tercer día recupera su aspecto físico íntegro, y se transforma en el fénix completo y perfecto, como lo era antes. Entonces, se pone en camino y vuela hacia la india, donde vivía antes.

De otro bestiario medieval es esta descripción de la mantícora, que está documentada desde el escritor latino Plinio el Viejo:

En la India nace una bestia llamada mantícora. Tiene una triple fila de dientes que alternan entre sí; rostro de hombre, con ojos relucientes e inyectados en sangre; cuerpo de león; la cola, como el dardo de un escorpión; una voz chillona, tan sibilante, que evoca las notas de una flauta. Es ávida de carne humana, con auténtica voracidad. Sus patas son tan fuertes, sus saltos tan potentes, que ni el espacio más extenso, ni el obstáculo más elevado pueden detenerla.
 


Creo que es la misma bestia que Avicena llama Marion, y Maricomorion: con la cola, hiere a sus perseguidores, vengan por delante o por detrás; y cuando ha disparado sus púas, otras nuevas nacen en su lugar, derrotando así a todos los cazadores.

Y aunque la India esté llena de diversas fieras voraces, ninguna es designada con el nombre de Antropophagi, es decir, devoradores de hombres, a excepción de esta Mantichora.
 

Cuando los hindúes capturan uno de sus cachorros, le hieren los cuartos traseros y la cola, para que jamás ‑vuelvan a crecerle afiladas púas; después, se doma sin peligro.

La llaman también Martiora, que en lengua persa significa devorador de hombres.

El repertorio de Borges que hemos citado antes contiene descripciones tan sugerentes como las siguientes:
 El peritio:

Los peritios habitan en la Atlántida y son mitad ciervos, mitad aves. Tienen del ciervo la cabeza y las patas. En cuanto al cuerpo es un ave perfecta con sus correspondientes alas y plumaje. Su más asombrosa particularidad consiste en que, cuando les da el sol, en vez de proyectar la sombra de su figura, proyectan la de un ser humano, de donde algunos concluyen que los peritios son espíritus de individuos que murieron lejos de la protección de los dioses.

Se los ha sorprendido alimentándose de tierra seca. Vuelan en bandadas y se los h avisto a gran altura en las Columnas de Hércules.

Ellos (los peritios) son temibles enemigos del género humano. Parece que cuando logran matar a un hombre, inmediatamente su sombra obedece a su cuerpo y alcanzan el favor de los dioses.

 
El squonk:

La zona del squonk es muy limitada. Fuera de Pennsylvania pocas personas han oído hablar de él, aunque se dice que es bastante común en los cicutales de aquel Estado.
El squonk es muy hosco y generalmente viaja a la hora del crepúsculo. La piel, que está cubierta de verrugas y de lunares, no le calza bien; los mejores jueces declaran que es el más desdichado de todos los animales.

Rastrearlo es fácil, porque llora continuamente y deja una huella de lágrimas. Cuando lo acorralan y no puede huir o cuando lo sorprenden y lo asustan se disuelve en lágrimas. Los cazadores de squonks tienen más éxito en las noches de frío y de luna, cuando las lágrimas caen despacio y al animal no le gusta moverse; su llanto se oye bajo las ramas de los oscuros arbustos de cicuta.
El señor J. P. Wentling, antes de Pennsylvania y ahora establecido en St. Anthony Park, Minnesota, tuvo una triste experiencia con un squonk cerca de Monte Alto. Había remedado el llanto del squonk y lo había inducido a meterse en una bolsa, que llevaba a su casa, cuando de pronto el peso se aligeró y el llanto cesó. Wentling abrió la bolsa; sólo quedaban lágrimas y burbujas. WILLIAM T. Cox: Fearsome Creatures of the Lumberwoods. Washington, 1910.

Terminamos con una criatura de todos conocida, el dragón, también descrita en el bestiario de Borges:
UNA GRUESA y alta serpiente con garras y alas es quizá la descripción más fiel del dragón. Puede ser negro, pero conviene que también sea resplandeciente; asimismo suele exigirse que exhale bocanadas de fuego y de humo. Lo anterior se refiere,  naturalmente, a su imagen actual; los griegos parecen haber aplicado su nombre a cualquier serpiente considerable.

Plinio refiere que en el verano el dragón apetece la sangre del elefante, que es notablemente fría. Bruscamente lo ataca, se le enrosca y le clava los dientes. El elefante exangüe rueda por tierra y mue-re; también muere el dragón, aplastado por el peso de su adversario.

También leemos que los dragones de Etiopía, en busca de mejores pastos, suelen atravesar el mar Rojo y emigrar a Arabia. Para ejecutar esa hazaña, cuatro o cinco dragones se abrazan y forman una especie de embarcación, con las cabezas fuera del agua.

Otro capítulo hay dedicado a los remedios que se derivan del dragón. Ahí se lee que sus ojos, secados y batidos con miel, forman un linimento eficaz contralas pesadillas. La grasa del corazón del dragón guardada en la piel de una gacela y atada al brazo con los tendones de un ciervo asegura el éxito en los litigios; los dientes, asimismo atados al cuerpo, hacen que los amos sean indulgentes y los reyes graciosos. El texto menciona con escepticismo una preparación que hace invencibles a los hombres. Se elabora con pelo de león, con la médula de ese animal, con la espuma de un caballo que acaba de ganar una carrera, con las uñas de un perro y con la cola y la cabeza de un dragón.
Si alguno se ha quedado con ganas de conocer más descripciones de animales fantásticos, puede asomarse a la página http://tolkien.chez.com/enciclopedia/bestias.html donde encontrará las descripciones de las principales criaturas del universo de Tolkien, autor de El señor de los anillos. Y hay mucho, mucho más.